Cada Vez Más Chilenos Están Descubriendo Una Condición Que A Menudo No Presenta Síntomas Evidentes
Algunas enfermedades vasculares pueden desarrollarse lentamente y sin molestias claras, hasta que se detectan por casualidad o cuando ya requieren atención urgente. Entre ellas está el aneurisma de aorta abdominal, una dilatación de la arteria principal que, en ciertos casos, no da señales evidentes durante años y puede afectar con mayor frecuencia a personas mayores.
A veces, el cuerpo no “avisa” de forma clara cuando algo importante está ocurriendo en el sistema circulatorio. El aneurisma de aorta abdominal (AAA) es un ejemplo: puede crecer de manera silenciosa y descubrirse en una ecografía solicitada por otro motivo. Comprender por qué ocurre, a quiénes afecta con más frecuencia y cómo se confirma el diagnóstico ayuda a tomar decisiones informadas sobre controles y tratamiento en Chile.
Este artículo es para fines informativos y no debe considerarse consejo médico. Consulte a un profesional de la salud calificado para obtener orientación y tratamiento personalizados.
Por qué algunos problemas de salud importantes pueden pasar desapercibidos durante años
El AAA suele ser silencioso porque, mientras la dilatación de la aorta no comprometa estructuras cercanas ni cambie de forma brusca, puede no generar dolor. Además, el organismo puede adaptarse a cambios graduales sin producir síntomas llamativos. Cuando aparecen molestias, a veces son inespecíficas: dolor abdominal o lumbar persistente, sensación pulsátil en el abdomen, o malestar que se confunde con problemas musculares o digestivos.
En la práctica clínica, muchos AAA se detectan de manera incidental mediante ecografía abdominal, tomografía computarizada (TAC) u otros estudios solicitados por otra causa. El riesgo principal no es “sentirse mal” cada día, sino la posibilidad de crecimiento progresivo y, en casos severos, rotura, lo que constituye una emergencia médica. Por eso, el enfoque sanitario se centra en identificar a personas con mayor riesgo y vigilar el tamaño del aneurisma para decidir si basta con control periódico o si conviene tratarlo.
Entre los factores asociados con mayor probabilidad de AAA se describen la edad avanzada, el tabaquismo, antecedentes familiares, hipertensión y enfermedad aterosclerótica. Tener factores de riesgo no significa que una persona vaya a desarrollar un aneurisma, pero sí puede justificar una conversación clínica sobre evaluación preventiva y control cardiovascular.
Lo que médicos y especialistas recomiendan conocer después de los 60 años
Después de los 60 años, el objetivo suele ser ordenar la información práctica: qué es un AAA, cómo se diagnostica, y qué significa cada hallazgo. En términos simples, se habla de aneurisma cuando la aorta abdominal alcanza un diámetro mayor de lo esperado. El tamaño y la velocidad de crecimiento son claves para estimar el riesgo y definir el seguimiento.
Las herramientas diagnósticas más utilizadas incluyen:
- Ecografía abdominal: suele ser el método inicial porque es accesible, no usa radiación y permite medir el diámetro.
- TAC con contraste: aporta mayor detalle anatómico, útil para planificar tratamiento y evaluar características del aneurisma.
En cuanto al manejo, existen dos grandes caminos, que dependen del tamaño del aneurisma, síntomas, anatomía y condiciones de salud generales:
- Vigilancia y control de factores de riesgo: cuando el aneurisma es pequeño o de bajo riesgo, se puede indicar seguimiento con ecografías periódicas. En paralelo, se prioriza control de presión arterial, colesterol, diabetes si existe, y abandono del tabaco.
- Reparación del aneurisma: cuando el riesgo aumenta, se evalúa tratamiento para prevenir complicaciones. Las alternativas principales son la cirugía abierta (reparación con injerto) y la reparación endovascular (EVAR), que coloca una endoprótesis a través de arterias (habitualmente por la ingle) para excluir el aneurisma del flujo.
La elección entre cirugía abierta y EVAR no es una “receta única”. EVAR puede implicar una recuperación inicial distinta, pero exige controles de imagen posteriores para vigilar la endoprótesis. La cirugía abierta es más invasiva, con tiempos de recuperación diferentes, y se decide según el perfil del paciente y la complejidad anatómica. En Chile, la definición del plan suele involucrar medicina interna/cardiología (según comorbilidades) y cirugía vascular o equipos endovasculares.
La información que está llevando a más personas a realizarse revisiones preventivas en Chile en 2026
En 2026, es habitual que las personas se informen más por múltiples vías y lleguen a la consulta con preguntas concretas sobre “enfermedades silenciosas”, especialmente al cumplir décadas en las que aumentan riesgos cardiovasculares. En ese contexto, la revisión preventiva se entiende menos como “buscar algo” al azar y más como una evaluación dirigida por antecedentes, hábitos y resultados previos.
En Chile, los controles suelen articularse desde la atención primaria y la medicina preventiva, con derivación a especialidad cuando corresponde. Para el caso del AAA, la evaluación preventiva no consiste en exámenes para todos por igual, sino en un enfoque razonado: la ecografía es particularmente útil cuando existe sospecha clínica o factores de riesgo relevantes. Además, muchas personas ya se realizan imágenes abdominales por otras indicaciones, lo que incrementa la detección incidental.
Un punto importante de la información sanitaria actual es entender que “no tener síntomas” no equivale a “no tener riesgo”. En problemas vasculares, el riesgo se relaciona con el estado de las arterias, la presión, el tabaquismo y la historia familiar, entre otros. Por eso, una conversación clínica bien enfocada suele incluir:
- Revisión de antecedentes familiares de aneurismas o eventos vasculares.
- Historial de tabaquismo (actual o pasado) y exposición prolongada.
- Control de hipertensión y adherencia a tratamientos indicados.
- Evaluación de salud cardiovascular global (lípidos, glicemia, función renal según el caso).
En paralelo, conviene reconocer señales de alarma que sí requieren evaluación urgente, especialmente si hay diagnóstico previo de aneurisma: dolor abdominal o lumbar intenso y súbito, desmayo, palidez marcada, sudoración fría o sensación de colapso. Estos signos no confirman por sí solos un AAA complicado, pero ameritan atención inmediata.
Finalmente, el tratamiento moderno del AAA combina prevención secundaria (control de factores de riesgo), vigilancia segura cuando corresponde y reparación planificada cuando el riesgo lo justifica. La clave es que las decisiones se basan en mediciones objetivas, evaluación clínica completa y un plan de seguimiento claro, más que en síntomas aislados.
En resumen, el aneurisma de aorta abdominal puede pasar desapercibido durante años porque a menudo no produce molestias específicas. Conocer los factores de riesgo, entender cómo se diagnostica y qué opciones de manejo existen permite interpretar mejor una detección incidental o una recomendación de control, especialmente en personas mayores, y situarlo dentro de una estrategia más amplia de salud cardiovascular.